Audio de la Facultad

viernes, 15 de julio de 2011

¿Por que la poderosa?

¿Por qué La Poderosa?

Por el poder popular, por el móvil del Che

Elegimos ser La Poderosa con el fin de reivindicar el concepto de la palabra poder, opacar esa connotación negativa, que heredamos del poder entendido y malversado por la política tradicional, con la connotación positiva e indiscutible del poder popular, de la fortaleza innegable que tenemos unidos los que elegimos construir colectivamente, un mundo más justo.
Seguramente por personajes (todos, o casi todos nefastos) y situaciones que se sucedieron en la historia de la humanidad, a ese término hoy se lo asocia rápida y fácilmente con lo malo, lo autoritario, lo déspota, lo tirano. Y en realidad, el poder no está en manos de los gobernantes de turno sino en las nuestras. En las tuyas, en las mías, en las de tu hermano, tu vecino, tu amigo. En fin, en las de todos. Nosotros tenemos el poder de cambiar el mundo, de hacer y hacernos felices, de transformar en sonrisas las lágrimas, de generar una nueva realidad dentro de esta realidad siempre modificable. Esa es la idea primordial, pero hay más…
Como muchos sabrán, La Poderosa fue el nombre con el que nuestro querido Ernesto y su amigo Alberto Granado bautizaron a la moto con la que recorrieron los primeros kilómetros de su enriquecedora -para ellos y para el futuro del mundo- aventura latinoamericana. Más allá del homenaje que intentamos hacerle a nuestro héroe, la idea es seguir el ejemplo de aquella Poderosa. Eso queremos ser. Algo que no pare, que se detenga en cada lugar para hacer escuela y aprender mucho, pero que luego siga viaje hacia nuevos horizontes, para volcar allí todo lo asimilado a lo largo de la travesía. Esta travesía que ahora empezamos juntos y que, esperamos, sea infinita.

Texto extraido de: http://lapoderosa.org.ar/?cat=53

martes, 12 de julio de 2011

Diego Capusotto y la ciencia de la risa



DIEGO CAPUSOTTO Y LA CIENCIA DE LA RISA. (Entrevista)

ANTES DE LA NUEVA TEMPORADA DE `PETER CAPUSOTTO Y SUS VIDEOS´

UNA PELÍCULA DE OVNIS QUE TAMBIÉN ES UN SPINAL TAP POR DOS PESOS Y UNA NUEVA TEMPORADA DE "PETER". EL COMEDIANTE QUE MEJOR DEFINE LA ÉPOCA REFLEXIONA SOBRE EL HORROR QUE HAY DETRÁS DEL HUMOR.


El tipo me habla con la seguridad del que ya se respondió todas las preguntas importantes.
No es firme, sino contundente.
No es formal, sino racional.
No es tímido, pero sí prudente.
No es joda.

A esta altura de su vida y su carrera, Diego Capusotto se ha convertido en algo más que un humorista y esa transformación es algo que merece analizarse en serio.

Es cierto que ahora está parado sobre un fondo de tela verde, con un sombrero ridículo, una camisa floreada y un moño negro, cantando con cara de nabo la siguiente estrofa: "Detrás de las paredes / Que ayer te han levantado / Te he dejado el orto estropeado".

Pero también es cierto que luego grabará veintiséis versiones de una sola y estúpida palabra que él será capaz de convertir, con rápidos y escrupulosos matices, en veintiséis colores diferentes que pintan todo su arte. Sólo así -con una cosa, pero fundamentalmente con la otra- se puede explicar qué representa realmente este Juanete, "el artista que le puso un poco de picardía al rock nacional".

Marxrrone. La mixtura entre Groucho y Marrone.

Es esa capacidad de crear alianzas imposibles lo que define un estilo que ya tiene su nombre: capusottoniano. Y su propio libro de ensayos: Capusotto, realidad política y cultura, en el cual catorce filósofos, sociólogos, investigadores y docentes universitarios lo analizan como lo que es: un fenómeno meteorológico.
Ya veremos cómo y por qué.

Pero ahora estamos lejos de la biblioteca y al lado de los extraterrestres que lo abdujeron en la película Pájaros volando, que pronto estrenará en los cines y con una avant première que incluirá platos voladores. Porque este primer round tiene como escenario la grabación del doblaje de algunas escenas del film que dirige Néstor Montalbano -ex cómplice de Capusotto en Todo x 2 pesos y Cha cha cha- y él ya se calzó los guantes, esperando las preguntas, con una distancia cordial, elegante, que protege su persona de sus personajes y con la que me anticipa que sabe lo que estoy buscando.
Entiendo. Capusotto es algo serio.

Y para el tipo la clave de esta oración no es su nombre sino ese "algo".

Fue Michel Foucault el que construyo su teoría sobre la genealogía del lenguaje a partir de un relato de Jorge Luis Borges. Por la risa que le provocaba leerlo y por cómo esa risa sacudía "todo lo familiar del pensamiento". La función del disparate es ésa, nos señalaba así el filósofo.

Revelar que hay un orden. Y que ese orden no es el único posible.

Capusotto define ese "algo" de manera similar. "El lenguaje humorístico siempre tiene que ver con el disparate que destruye la realidad a partir de una situación inverosímil. Por eso me parece que la tragedia está siempre muy relacionada con el humor. Uno apunta siempre ahí: a reírse de lo trágico. Eso no implica que ande por la vida diciendo: «Uy, qué tragedia». Habrá quien no, pero yo tengo claro que necesito esa fuga para, al menos, no aburrirme."

- ¿Qué te aburre?
- A veces me aburro de mí. O de no estar haciendo nada trascendente o de hacer siempre lo mismo. También de las estructuras y de saber qué viene.

- ¿Y cómo evitás que se aburra el espectador "que ya sabe lo que viene"?
- Cuando hacés algo que lo emociona o lo saca de ese lugar convencional de estar pasivamente sentado. Cuando vas al hueso de lo emotivo para que pueda fugarse. Cuando lográs que se haga las mismas preguntas que vos.

- ¿Cuáles son las preguntas que tenés en común con tu espectador?
- Me imagino que un pibe de 30 años, hijo de padres de la década del 60, se preguntará otra cosa que mi generación. Nosotros somos hijos de la dictadura. Nuestros mayores fueron militantes o estaban en el vagón emocional de eso que pasaba en los 70 y que después fue aniquilado.

- ¿Pertenecer a esa generación es algo que te define?
- Sí, desde ya. Y también ser de la generación que a los 18 años terminó yendo a Malvinas para "defender a la patria". Y la que vio morir ciertos valores que para nuestros padres eran incuestionables. Hemos crecido con la idea de la familia, de la organización, del éxito, de la cultura del trabajo. Con ese proyecto de la familia unida que se descascaró, para después convertirse en una carrera que gana el más vivo o quien negocia mejor. Pasamos del paradigma de "la imaginación al poder" al de "la imagen al poder".

- ¿No es ése el paradigma que usás para construir tus personajes?
- Sí, pero para destruirlo en la medida que pueda y con un lenguaje limitado, que a veces confunde. Algunos pueden entender lo que subyace, el horror que hay atrás de la risa, y otros pueden ver su liviandad y decir: "Bueno, esto sólo es un programa de humor".

- ¿Y por qué para vos no es sólo eso?
- Porque tenemos un sentido de pertenencia con el programa. No estamos trabajando como en una oficina a la que uno va, marca tarjeta, hace lo que tiene que hacer, y si el programa después se levanta, es una pena porque no seguís cobrando. Esto es nuestro. Entonces hay que tratar de cuidarlo y no pensar en términos de efectividad, sino de una cuestión relacionada más al placer que nos da hacerlo. Alguna vez escuché a Alejandro Fantino decir: "Cuando terminamos el programa, nos vamos a casa y listo, se terminó". Eso me parece un poco perverso, porque representa que vos estás creyendo lo que estás diciendo sólo porque hay un sueldo que te convence.

- ¿Y cómo funciona en tu caso?
- Como el típico juego del niño: un juego que es noble porque se juega con seriedad, porque te lo estás creyendo.

- ¿Esa es la clave? ¿La fe y seriedad?
- La total seriedad de estar creyendo en lo que estoy haciendo. Entonces, el juego no termina cuando te vas a tu casa, sino que acompaña tu vida.

- ¿De qué manera?
- Ese mismo espíritu que uno pone para hacer el programa es el mismo que va a volver en otro, aunque tenga otra máscara, otra escenografía y otra manera de contar. Siempre va a seguir flotando esa especie de señalización de algo que nos molesta y que, por eso, parodiamos o burlamos. Parodiás todo lo que te duele. Y la manera de defenderte de eso y tomar posición es la burla, que es un arma bastante contundente.

- ¿Como herramienta política?
- Todo es política. Si construís algo desde lo que pensás, es política.

- Desde ese punto de vista, ¿es político el programa de Tinelli?
- Su forma de hacer política tiene que ver, sin duda, con la lectura que hace del concepto de entretenimiento. Alguna que otra vez se torna más explícita, como cuando hizo alguna referencia a la inseguridad o como cuando en el año 95 convocó a Menem. Digamos que no hizo que ganara, pero trabajó para eso.

- Lo político, entonces, ¿es el poder de construcción de poder que tienen los medios?
- Los medios construyen una voz oficial que va dictando cómo va la cosa y hacia dónde tiene que ir. Hoy son una institución con cierto manto de impunidad. Y su rol es proteger esa institucionalidad y esa impunidad. Por eso hace que te preocupes mucho más si un pibe de una villa mata a un tipo para robarle un auto que si un policía lo liquida con gatillo fácil. Y cuando mata el Estado, trata de que mires para otro lado.
- Desde ese punto de vista crítico, ¿no es difícil ser oficialista?
- Sí, porque lo que incomoda y genera contradicción es toda estructura de poder.

- ¿Cómo acomodás, entonces, tu oficialismo?
- Me acomodo de acuerdo a escenarios que suceden. Uno trata de tener una visión crítica y de profundizar lo bueno y señalar las cosas que están mal. Pero también hay un escenario en que hay una oposición con proyección al poder que me resulta obscena. Creo que el Gobierno ha hecho cosas muy interesantes, pero que también comete errores. Es cierto que desde la apertura democrática es con el que tengo más empatía, pero eso no significa que no pueda ser crítico por el cuento ese de ser funcional a la derecha. Sos funcional a la derecha cuando pensás que todos los errores los comete sólo el Gobierno y no hacés una mención a algo que se pone en frente y tiene proyección de poder: esa oposición, que me parece de cuarta.

- Hacer tan explícita tu posición política, ¿cómo afecta la relación con tu público?
- Nuestra relación con el público está construida a partir de lo que hacemos. Esa es nuestra alianza. No soy un tipo que aparece en un lugar público porque tiene éxito y nada más que eso. Lo mío no tiene la banca de la categorización.

- No relaciono la palabra "extravagante" con un personaje como Fort...
- Yo lo escuché, no lo estoy inventando. Hay una banda de papafritas que terminan hablando de personajes que son fenómenos mediáticos, no sociales. Y en eso soy terminante: si vos le pedís a ese chabón un autógrafo, sos un subnormal. La estupidez es la única enfermedad que no tiene antídoto. Porque un personaje así tiene para mí la importancia de una pileta de natación vacía.

- En cuanto a tu etiqueta, tampoco creo que sea la de loco drogadicto...
- Ya no. Ahora apareció la del prestigio.

- ¿Cómo apareció?
- Por el lado de la cultura del rock, que te da un link con lo intelectual y lo político. El rock siempre da la sensación de pertenencia a una tribu que cuestiona al mundo conservador.

- ¿Aún hoy, cuando un ícono como Charly se coloca al lado de Palito?
- En el rock ya ha entrado desde el rockero que tiene la limusina y está esperando llenarla de minitas hasta el tipo que se ahoga en su propio vómito y ha hecho cosas muy jugadas y muy al límite. Lo que los diferencia es si tienen algo para decir o no; Charly lo tuvo en su momento. Después, bueno, se enganchó con Menem porque un día le dijo: "Escucho todos tus discos". Hay algo de ingenuidad, algo infantil en esa actitud. Te sobrepasa el personaje que creaste y se vuelve algo casi pueril, esta cosa de la vanidad, del ego, de la exposición permanente. Hay otros tipos, como Spinetta, que son todo lo contrario. Pero los dos han dicho cosas. Por eso ni me detengo a pensar en Palito, porque eso es tan personal y es difícil entrarle al alma de otra persona que a lo mejor no tiene nada que ver conmigo. Lo que uno termina sacando de ese tarro es si ese tipo dijo algo interesante o no. Me parece que Charly sí y otros no; otros son la mueca de algo que supuestamente traspasa un límite y que, en realidad, no traspasa nada. En el rock ha entrado todo porque se ha convertido en un gran negocio. En ese sentido, si hay algo cercano al rock es el peronismo.

- Si lo único que importa es lo que tenés para decir, ¿cuál es tu texto?
- Lo que digo, principalmente, es lo que hago. Nosotros tenemos luz propia en el movimiento. Porque de nuestras vidas pocos saben. Sólo nos explicamos ahí, en la acción pura, en eso que hacemos y eso que provoca lo que hacemos, que siempre nos sorprende y de alguna manera nos trasciende. Cualquier artista hace su trabajo y después debe desaparecer en los otros, que es lo que más cuesta. Para mí, aunque suene rebuscadamente poético, esta idea de que uno se explica en lo que hace y que después desaparece en la mirada del otro sería el costado que más me interesa de lo que nosotros hacemos.

- ¿Por qué decís "nosotros"?
- Digo "nosotros" por Pedro Saborido y porque este programa sin Pedro no existe y sin mí tampoco.

El primer round ha llegado a su fin con dos desafíos y los dos tienen que ver con los límites que Capusotto resguarda.

Hacer en lugar de decir. Ser uno, dos, muchos personajes en lugar de una persona. Con uno se protege, quizá, de sus propias etiquetas, que son varias.
Con el otro, de todo lo demás.
Eso es exactamente a lo que me refiero cuando digo "el tipo".
Ni el hombre, ni el actor.
Con el que acabo de conversar durante más de dos horas es, sin duda, un promedio.

Estamos en el estudio ubicado frente a coto y vecino al shopping Abasto y a la iglesia Jesús a las Naciones, del pastor Juan José Climenti. Las coordenadas son tan literales que ubican a Capusotto en su debido contexto: República Argentina, año 2010.

En el primer piso y en un pequeño espacio de pocos metros se despliega todo el universo del programa de tevé que comenzará a emitirse el lunes 19 de julio, a las 22.30 y durante diez o doce semanas, no más. Allí están todos los habitantes de ese planeta autónomo -nueve hombres y una mujer-, conducidos por Pedro Saborido con órdenes concisas y gestos exactos. El es quien dicta qué planos, qué objetos, qué textos, qué tiempos, qué todo. En el centro mismo de esa agitación se planta Capusotto, en actitud zen.

Entre los dos dibujan una extraña y sincronizada coreografía que nunca, jamás, incluye un solo intercambio de miradas y pocas, escasísimas palabras. Todo entre ellos ya ha sido dicho, en la etapa previa y de creación, de la que sólo el dúo participa y de la que nace todo lo que allí se registra. "La confianza es total. Sé que Pedro tiene todo claro y controlado. Entonces no interrumpo su trabajo ni con la mirada. Sé que puedo entregarme a la suya porque no sólo ve lo que está sucediendo en ese momento, sino que sabe cómo funcionará luego en la edición. El tiene ese talento, esa capacidad de ver en el momento el todo. Y yo me dedico a lo que tengo que hacer, que es a poner el cuerpo y a que pueda aparecer algo ahí que pueda transformar para bien eso que pensamos juntos antes y que ya está perfectamente organizado", dirá Capusotto luego para explicar esa extraña ceremonia con la que Saborido zurce, con breve sorbos, las imágenes que luego irá hilvanando en cada programa.

Durante dos días y por un par de horas observé el rito y su austero contexto. Me queda claro, entonces, que esa estética es producto de una ética: hacer todo con nada. O mejor dicho: crear con nada, todo. No es magia, sino profesionalismo lo que permite entonces la multiplicación de los planos, que son hijos pródigos de ese ingenio tan argento que Saborido sintetiza con una frase escupida en plena faena: "Por algo me dicen el George Lucas de Gerli".

Esa combinación, en su caso, incluye una eficiencia de MacGyver y un toque de ese apodo que le puso su equipo y que hoy le calza como un guante: Unabomber. Aunque en este caso lo que estallan no son bombas, como las que solía enviar por correspondencia aquel terrorista estadounidense, sino petardos.

Literalmente.
Saborido los arroja al set, sin aviso, sin explicaciones y sin siquiera reírse luego por la humorada. Queda claro también que Saborido es otro tipo serio.

Esa seriedad por duplicado es quizá la que fue capaz de crear algo "distinto" que construyó "no sólo una reflexión más interesante sobre los tiempos que corren, sobre la televisión que se mira y los lenguajes que se hablan en esta sociedad fragmentada, escindida, desquiciada, sino también una percepción muy sutil acerca del modo en el que nuestro presente hereda las facetas más dolorosas de nuestro pasado. Se trata de un fenómeno cultural extraordinariamente complejo y rico, denso, que se ha convertido en un hecho fundamental de la cultura argentina, con una audiencia bastante reducida en el canal estatal y una audiencia multiplicada varias veces a través de los mecanismos de la tecnología informática, otra circunstancia que le da una fuerza muy novedosa", señala la eufórica introducción a los ensayos que analizan los íconos del planeta Capusotto, seleccionados de acuerdo con el clima que domina en cierta generación de la intelectualidad local.

Sin duda, la estrella de este universo es Bombita Rodríguez. Es el protagonista de cinco de los doce capítulos y eje del análisis de Horacio González, el director de esa Biblioteca Nacional que aloja a la escuadra oficialista denominada Carta Abierta (que esta temporada tendrá su referencia en el programa, cuando irrumpa un nuevo personaje, Piqui Piqui, "un idiota que produce furor entre la gente, al punto tal que se convierte en candidato a Presidente. Los que lo critican se nuclean en el grupo Carpa Abierta", me contará luego Capusotto). Pero también desfila por esas páginas Micky Vainilla, el cantante nazi-pop (analizado como un "viaje hacia nosotros mismos, hacia el interior de nuestra sociedad posmenemista"); el Emo (que revela "la sumisión de estos colectivos sociales, llamados indulgentemente tribus urbanas, a los valores mercantiles"); Luis Almirante Brown, el hombre que propone Artaud para millones; y el doctor Juan Estrasnoy, el educador violento que quiere exterminar a los malhablados ("demuestra la impotencia de la educación argentina como tangente mediadora" entre dos clases paralelas encarnadas por el cheto y el fierita "que ni se hablan ni se escuchan").

Saborido me cuenta que escuchó en directo estas conceptualizaciones, cuando los invitaron a participar de una conferencia en la Universidad Nacional de General Sarmiento, a la cual pertenecen los compiladores del libro. Muy serio dirá: "Está muy claro para nosotros de qué habla el programa, pero también que no queremos teorizar al respecto".

Se entiende, entonces, que para ellos la gracia es no tener que explicar el chiste, porque si no, no hay chiste ni gracia. Su preocupación, en todo caso, a esta altura de los análisis y el trayecto, es otra: "Conservar el amateurismo". Por eso se imponen, dice, la gimnasia de tener en cada programa dos personajes nuevos. "No todos llegan a buen puerto, pero el hecho de estar obligados a meter cosas nuevas siempre nos aumenta la capacidad, no sólo de seguir moviendo la mollera, sino también encontrar algo que esté bueno. Es casi estadístico. En ese tirar cosas nuevas, también está el miedo de gastar lo que ya tenemos, de aburrir, de no sorprender. En el humor, el límite entre algo brillante y algo pelotudo es muy finito. Es uno de los géneros con más riesgo al papelón. Y todo nuestro trabajo se organiza en función de evitar ese momento." Es una pena que semejante lección no haya sido analizada por ningún académico.

El tercer round se da frente a una pantalla de computadora donde me proyectan la película protagonizada por Capusotto. Trato de sortear las distracciones que representan ver a Víctor Hugo Morales representando a Dios, confirmar que Antonio Cafiero es un excelente actor o admirar el vestuario de Luis Luque, convertido en una cruza de Hugo Moyano con Hare Krishna.

No es ése el desafío, no.
Se trata de establecer si Capusotto logró vencer la maldición de Olmedo, que convirtió al cine en su verdadero cementerio.
Reconozco, entonces, esa sutileza que lo mantiene a salvo. El, que tantas veces es un bufón exagerado, se mantiene en un tono contenido, ajustado a un personaje que se parece mucho a muchos otros que interpreta, pero sólo como un pariente cercano. Y en esa posibilidad de calibrar la dosis necesaria de Capusotto de acuerdo con la historia que se narra, encuentro al actor y de qué está hecho. Una alquimia de miradas, pequeños gestos y actitudes que no se notan, pero están, como hilvanes disimulados en los pliegues de un vestuario. El ultimo round tiene premio.

Quizá por el diluvio. O por Barracas, que para él es barrio y no escenario.
O porque la paciencia es una virtud barata y provechosa.
Es cierto que la charla comienza con el tono y la distancia reglamentaria, que acepto sin chistar.

- ¿Qué harías si no pudieses trabajar de actor?
- No puedo pensar eso porque tengo un nombre que, de alguna manera, ya está instalado. No pertenezco al circuito marginal de la cultura o de la expresión. Sé positivamente que cuando no hagamos televisión, buscaremos otros espacios, como el teatro, que nos permite seguir juntándonos con las mismas voluntades, aunque seguramente con otras expectativas.

- ¿En qué sentido?
- Va a haber un productor que va a pensar que vamos a meter mucha gente porque ya tenemos registrado un nombre. Pero el armado lo vamos a hacer siempre nosotros. La idea seguirá siendo nuestra. Algo es seguro: me va a servir más, humanamente, hacer un personaje en cine o en teatro, aunque su éxito sea fallido, que estar en televisión con algo que no me guste.

- ¿De dónde viene esa contundente seguridad que te noto tanto cuando grabás el programa como en esta charla?
- Creo que esa seguridad que vos notás tiene que ver con que para mí la idea es mucho más superadora que el trabajo personal. Quiero decir: nunca estoy pensando en la propia actuación, sino en la idea. Esa es la convicción que hace que no haya histerias respecto de cuánto tengo que brillar o cuánto dejo de brillar con respecto a otro trabajo que hice. Tengo en claro que, en algún momento, esto que es Peter Capusotto hay que pararlo, incluso para poder retomarlo. Siempre fue así. Cuando formé parte de Cha cha cha o de Todo x 2 pesos, también. Hay un momento en el que la idea que te llevó a hacer algo se empieza a deshilachar, y tenés que estar atento a ese momento. Parte de la estrategia que hemos tenido con este programa está motivada precisamente en que no nos pase eso. Y la manera de lograrlo es justamente eligiendo hacer sólo diez o doce programas por temporada. En esas cosas, tengo seguridad.

- ¿Nunca hiciste nada de lo que te arrepintieras?
- No me gusta hacer publicidades. En general, se hacen sólo por plata. Y puedo hablar por todos los actores o actrices que hacen publicidad. Es lo único que no me ha gustado. No me arrepiento, porque sé por qué lo hice, pero es algo que no tiene ningún valor para mí. Ni en el sentido estético ni como aporte al oficio.

- ¿Por qué?
- Porque es algo que está más vinculado a la mentira, a lo falso, que es lo contrario de la actuación. Es cierto que en algún momento, por el año 93, ganaba más con eso que por hacer Cha cha cha. Pero también es cierto que hice algunas, pero podría haber hecho muchísimas más y me negué. El publicitario es un mundo que no me cae muy simpático. Esa cosa de la pretensión estética para vender un chocolate a mí me pone un poco nervioso.

- Uno de los personajes nuevos de esta temporada está relacionado con eso: con lo que representa el consumo...
- Consumo no deja de ser una humorada que juega con lo que representó Sumo. Que aparece con la canción "Mañana en el Abasto" y su contrapunto actual, el shopping. Esta especie de líder del consumo es la antítesis del líder que representaba Luca Prodan. Algún idiota podrá pensar que es una parodia a Sumo, pero es su antítesis. La parodia, en todo caso, está dirigida a señalar en qué te convierte la publicidad, a un intento por destruir esos valores que sabemos que son falsos y que el humor está denunciando.

- ¿Un humor de protesta?
- El humor es eso.

- También es esperanza: un chiste siempre necesita de alguien que se ría.
- Sí, no hay duda. Pero me conformo con que sea alguien medianamente perceptivo, nada más. Nunca se sabe quién está del otro lado. Porque del otro lado, hay muchos. Esa es la parte nihilista del humor: no saber nunca si tiene sentido. Es una pregunta que uno permanentemente se hace en la vida.

- ¿No hay certezas?
- La certeza que tenemos es la de saber a quién atacar, pero porque en la vida sabemos a quién atacar. Y el programa no está separado de la vida.

- ¿Cuál es el blanco?
- El poder. El poder de la palabra, de las instituciones, de la educación, en el sentido de cómo nos condicionan para vivir con consignas falsas. Es nuestra forma de decir: "Conmigo, para eso, no vas a contar".

- ¿De descontrolar el control?
- Exacto. Esa figura me gusta. Es la figura del tipo que se está escabullendo de eso que sabe que es mentira. Bueno: la idea es que no lo puedan agarrar y que ese tipo resista, desde la burla. Me parece que la burla es un arma poderosa.

Capusotto dice "tipo", y suena la campana.

El juego terminó, y el premio por haber participado es dejarme espiar al padre orgulloso que habla de su hija de 11 años, que estudia batería, participa de la murga Los Descontrolados de Barracas y actúa en la obra de teatro comunitario El casamiento Anita y Mirko.

Me dice, también, que el lugar desde donde sigue mirando el mundo es esa esquina de Milton y Bacacay en la que paraba con su barra de amigos. Que muchas veces pasaba por ahí un patrullero que los levantaba "como si nada" y que esa impunidad es su recuerdo más vívido de la dictadura. Que sigue en contacto con algunos de esos amigos, pero que prefiere no pensar la vida en términos de "¿viste cuando teníamos 15 años?". Que perdió a sus dos hermanos, esos que le revelaron todas las respuestas. Uno era más grande que él y murió a los 35. Otro era más chico y se fue a los 32. Que estudió batería, pero nunca llegó a armar una banda. Que tiene facilidad para cantar, pero no para tocar la guitarra. Pero que se dio cuenta recién a los 24 años de para qué estaba en la vida, cuando en el taller de teatro le hicieron por primera vez improvisar un monólogo y cómo con sólo pararse, logró que todos sus compañeros se mataran de risa. Que ahí se dio cuenta inmediatamente de la diferencia, pero también de la conexión, que había entre el escenario y su esquina. Como si Milton y Bacacay fuera el Aleph, el agujero desde donde se puede espiar todo lo que hay en el mundo, y el escenario, el hueco desde el cual avizorar todo aquello que no.

El hombre, en cambio, recién asoma cuando se atreve a contar cómo conoció a su mujer, María Laura. "Era amiga de una chica que salía con el Gordo Casero. Trabajaban juntas en la agencia Walter Thompson, en la administración. Un día, el Gordo, jodiendo, le dice:

-Te voy a presentar a alguien.
-Bueno, pero que sea de Racing.
-Entonces te presento a Capusotto.
Y así fue."

En el bar Oliverio y con la excusa de un recital de la banda Halibour que Casero formaba por entonces con Javier Malosetti, Héctor Epumer y el Mono Fontana. Intento imaginar la escena y, entonces, lo veo.

No al tipo: a él.

Ahora, imaginátelo vos.

Por Claudia Acuña
Texto extraido de: http://www.altoforo.com/tv/72045-diego-capusotto-y-la-ciencia-de-la-risa-entrevista.html

sábado, 9 de julio de 2011

REUNION DE INFORMACION Y CAPACITACION "YO, SI PUEDO".



COMPAÑER@S:

EL MIERCOLES 13 DE JULIO, a partir de las 18 Hs (PUNTUAL), en el local de la Asociacion de Trabajadores del Estado (ATE), de calle 8 entre 55 y 56 de La Plata, los  invitamos a participar en una nueva REUNION DE INFORMACION Y CAPACITACION  dirigida  a quienes integren   organizaciones sociales y  voluntari@s en general , que quieran sumarse a  la Alfabetización de Adultos   por medio del método "Yo, sí puedo", en la ciudad de La Plata y alrededores.

Desarrollo del Encuentro:

Temas:

1 - Breve Historia del "Yo, sí Puedo". Desarrollo en La Plata. Desarrollo en  Argentina.
2-  Análisis  del Sistema.

3 - Observación de Video-Clases.
4 -  Requerimientos para la apertura de "Puntos de Alfabetización".
5 - La responsabilidad de los Facilitadores.
6 - Intercambio de opiniones entre los participantes.
 
Reciban un abrazo afectivo
                                                                                                                                                      carlos"negro" tulián



Equipo de Comunicación
"Yo, sí puedo" - La Plata

Julio 2011.


Importante:

Para multiplicar esta invitación, les pedimos que la reenvíen a quienes consideren adecuado.

Por favor,  confirmar la asistencia, por este medio o a los siguientes TE.. Gracias.

Paula: Cel.15-570-5408.

 
Carlos: (Fijo) 421-6128.
                                    
!!Los esperamos!!

martes, 5 de julio de 2011

Acerca de la acreditacion de la CONEAU en psicologia

El rol de la Coneau en el ojo de la tormenta

Sociedad /  Las experiencias en la UBA y en Psicología de la UNLP, y las implicancias a futuro 
 
04.07.2011 | 15.14
 
Los cuestionamientos a la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (Coneau) y, específicamente, a las funciones que se le atribuyó en el marco de la Ley de Educación Superior de 1995, vienen registrando expresiones de rechazo en distintos sectores de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), especialmente de los estudiantes y graduados.

Los fines últimos de esa Comisión, encargada de acreditar carreras de grado cuyas profesiones sean de interés público por el Estado, a través de estándares de calidad, constituyen los principales cuestionamientos. Y es así porque esos estándares fueron gestados en el contexto dado por las políticas neoliberales de los ´90 en las que hubo poco espaciopara una educación pública y gratuita al servicio de las necesidades de los pueblos.

El rechazo a la Coneau votado el año pasado en la facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA constituye un antecedente clave para los estudiantes de la UNLP. Es un modelo testigo para rebatir cualquier argumento a favor de que si una carrera no es acreditada por la Coneau no tiene validez.

Mientras paracen agotarse los intentos para cambiar la Ley de Educación Superior, en La Plata se dieron reacciones en la facultad de Psicología, las cuales amenazan con expandirse hacia otras unidades.


No a las evaluadoras privadas

El análisis de Adriana Puiggrós

Necesariamente, hoy se debe mejorar la composición de la Coneau. Debe ser un organismo estatal que verdaderamente cumpla con las condiciones de evaluación y acreditación. En el proyecto de nueva Ley de Educación Superior del Frente para la Victoria proponemos un organismo que tenga representación docente y estudiantil, y rechazamos la posibilidad de la existencia de evaluadoras privadas. Estamos en contra de que un grupo de universidades se hagan evaluar por evaluadoras privadas; quienes así  no lo comprendan, son entes anárquicos que no reconocen la existencia del Estado ni tampoco defienden a la universidad pública. No aceptan que haya un organismo del Estado que acredite.

Aquí es clave el concepto de autonomía universitaria. El concepto mencionado es académico y la Universidad es un organismo, según nuestra Constitución Nacional, autónomo y autárquico del Estado Nacional.

Por otra parte, no es cierto que si la Coneau no acredita una carrera no tiene validez el título que otorga esa facultad. La acreditación no es indispensable  para que el título tenga validez. Lo que sucede es que si una carrera no acredita, el título tiene menos legitimidad, pero en ningún caso es ilegal.

El asunto es que seamos los propios argentinos quienes decidamos parte de la evaluación y no aceptar evaluaciones extranjeras que nos caen, sin tener en cuenta cuáles son nuestras características, qué elementos queremos evaluar.

Se trata de realidades distintas y de una concepción de educación distinta. Nosotros tenemos la Ley Nacional de Educación que marca los grandes principios de la educación nacional, qué tipos de sujetos queremos formar, y ese debe ser el marco de la evaluación.

Diputada Nacional FpV. Presidenta de la Comisión de Educación.



Un problema político, ideológico y social

El análisis de Diana Broggi

Abordar desde una perspectiva amplia y contextual, el debate sobre la acreditación de las carreras de grado a la Coneau en el marco de la Ley 24.521, es el camino para profundizar la discusión y eludir la simple polarización que entrampa las posturas y las vuelve consignistas.

Hay realidades que no pueden negarse, hoy como en los 90’ acreditar las carreras a la CONEAU implica tácitamente someter la formación, los planes de estudio a los lineamientos de esta Ley de Educación Superior (LES) sancionada en 1995. Más allá de las diferencias históricas y gubernamentales, es una ley que sigue vigente aunque cuestionada y de manifiesta inconstitucionalidad. De hecho, viola, entre otros, el artículo 75 inciso 19 de la Constitución Nacional que establece la autonomía y autarquía universitarias.

También existen leyes más actuales que la contradicen, como la 26.206 de Educación Nacional, que en su artículo 2º establece que “la educación y el conocimiento son un bien público y un derecho personal y social, garantizados por el Estado”, y en su artículo 10º confirma que “El Estado Nacional no suscribirá tratados bilaterales o multilaterales de libre comercio que impliquen concebir la educación como un servicio lucrativo o alienten cualquier forma de mercantilización de la educación pública”. Vemos como queda enfatizada la contradicción con la LES menemista que en su artículo 2º postula a la educación como un servicio y no un derecho.

La vigencia de esta Ley es un problema político, ideológico, cultural que nos atraviesa. Por eso se hace necesario impulsar un cuestionamiento de esa índole hacia esta norma planteando algunos lineamientos claves para una nueva:

 Que defienda la autonomía de la Educación Superior de los poderes económicos y gubernamentales como condición básica para poder desarrollar un pensamiento crítico.  La universidad autónoma no es la universidad autista, si no la que tiene como fin de la construcción de conocimiento la libertad de los pueblos.

 Que explicite que los trabajadores docentes constituyen un cuerpo único y por lo tanto deben tener una representación única. Cualquier distinción sobre la dedicación docente, implica instaurar mecanismos jerárquicos, elitistas entre los propios trabajadores.

En relación a la evaluación, debe bregar por la protección de la autonomía de la Educación Superior, cualquier tipo de evaluación académica o institucional debe realizarse en forma independiente del poder ejecutivo, legislativo, judicial y de cualquier entidad privada. Los resultados de los procesos de evaluación no pueden ser utilizados para definir la distribución del presupuesto, y no pueden acarrear la posibilidad de inhabilitación para expedir títulos. La evaluación debe contemplar la participación de estudiantes, docentes, y otros actores sociales como movimientos sociales, sindicatos, y organizaciones de la sociedad civil. 

La necesidad de tener planes de estudios delineados por la comunidad académica, guiados por la brújula de las necesidades sociales es un elemento esencial  en la formación de profesionales que estén realmente orientados a trabajar de cara a las demandas de la sociedad, y no del mercado.

La formación mercantilista dibuja líneas de pensamiento y acción de los profesionales, orientando su praxis a los requerimientos empresariales, marcando el camino de las investigaciones sobre la base de países desarrollados, dejando sin lugar aquellas iniciativas que pretenden volcar el conocimiento y la investigación por ejemplo, a cómo solucionar las problemáticas de las clases bajas de la sociedad.

Acreditar las carreras de grado bajo la LES menemista implica legitimarla aceptando la extorsión explicita que supone la Coneau.  Es por eso que considero necesaria la oposición de la comunidad académica y las autoridades a la injerencia externa de organismos como este a la hora de definir la formación de los profesionales del pueblo.

Ya que no se trata simplemente de una ley que está presente y naturalmente hay que respetarla, sino que se trata más bien de una legalidad que expresamente degrada la educación pública, como parte de un proyecto político neoliberal y privatista.

Lic. en Psicología. Miembro de la FULP



Mayor representación docente y no docente

El análisis de Edith Pérez

Los acontecimientos de los últimos días en nuestra Facultad han actualizado el debate sobre la Ley de Educación Superior vigente, que regula las instituciones de formación superior universitarias o no universitarias,  estatales o privadas y en la jurisdicción en que se encuentren. Este texto legal fue sancionado el 20 de julio de 1995 y los procesos políticos y sociales que marcaron esa época del país y el mundo la atraviesan. Por ejemplo, no define la educación superior como un bien social, definición fundamental que suscribimos con vehemencia, y deja abierta su posible consideración como un bien comercial, lo cual es sostenido aún hoy por la Organización Mundial de Comercio. 

Otros puntos  conflictivos, con los que disentimos son, por ejemplo, la puerta que deja abierta para la regulación del ingreso por parte de las unidades académicas en universidades con más de 50.000 estudiantes, que, en el orden local, permite la restricción del ingreso en la Facultad de Medicina, la habilitación de los servicios a terceros en desmedro de las prestaciones a la comunidad en el marco de la Extensión Universitaria, y la no explicitación de  la gratuidad de la enseñanza de grado en las universidades nacionales.

Si bien en el artículo 41º otorga al Ministerio de Educación el reconocimiento oficial de los títulos que se expidan en el grado y posgrado y, por tanto, su validez nacional, fija condiciones para las carreras de interés público incluidas en el artículo 43º que deben ser reguladas por el Estado, criterio que en su formulación general compartimos ya que entendemos es función indelegable del Estado preservar y defender el Bienestar de los habitantes de la Nación. Estas carreras deben ser evaluadas y acreditadas periódicamente, por la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (Coneau), organismo que aplica para este proceso estándares avalados por el Ministerio de Educación y el Consejo Interuniversitario Nacional. Pensamos que la alta integración de miembros propuestos por las cámaras debe ceder lugares a la representación de organizaciones de los docentes universitarios y trabajadores no docentes para ampliar la  participación de otros sectores sociales involucrados en la educación pública superior. Finalmente, queremos hacer explícita nuestra posición a favor de la regulación del Estado sobre algunos títulos y contraria a la habilitación para ello de consultoras privadas, como sucede en otros países de la región.

Licenciada en Psicología. Decana de la facultad de Psicología (UNLP)



Un estrategia integral para las universidades

El análisis de Carlos De Feo

La Coneau fue objeto de intensas polémicas desde el momento de su creación. El contexto lo explica: la institución de los dispositivos de evaluación y acreditación fue parte del arsenal de la reforma neoliberal impulsada en la década del '90. En una situación de recorte del presupuesto público, de apertura al financiamiento externo y de estímulo a la creación de instituciones privadas, amenazaba con ser el organismo asegurador de la "calidad" de una oferta de mercado.

Sin embargo, aunque la lógica mercantil logró parcialmente penetrar la actividad académica la Coneau no fue exactamente lo que pretendían los organismos financieros internacionales. En parte, debido a que las propias universidades no permanecieron ajenas a su diseño y actuación: en la implementación negociada de estas reformas, la intervención de múltiples actores con intereses diversos produjo modificaciones y reapropiaciones significativas. Vistos los resultados, la acción de la Coneau operó como un factor limitante de la expansión del sector privado, antes que como una traba para el crecimiento del sector público.

Con el correr del tiempo, prácticamente la totalidad de las instituciones se adecuaron a esta exigencia. Y, aún cuando los debates continúan, hay un amplio consenso en cuanto a la necesidad de que exista un organismo público que desempeñe esas funciones. El proceso de evaluación y acreditación, cuyos criterios y mecanismos tendrían que reconsiderarse, debe concebirse en el marco de una política integral para las universidades, como orientador de acciones que permitan subsanar déficits en el funcionamiento de las instituciones y/o sus carreras, de acuerdo con objetivos que apunten a lograr un desarrollo más equilibrado del sistema, y a fortalecer aquellas áreas que se definan como prioritarias.

La discusión sobre la Coneau debe ser parte de un debate más consistente en torno a los lineamientos de una política de estado para las universidades. Pero es un error rechazar la evaluación de parte de un organismo público planteando que ello lesiona la autonomía, o que conduce necesariamente a la privatización de la universidad. Sostener, sin más, que la universidad pública no puede ser evaluada, es en realidad otra forma de privatización de lo público. Animadas por intereses corporativos, o cabalgando sobre un vacío consignismo, estas posiciones terminan bloqueando la discusión que nos debemos.
Secretario general de la CONADU


En Exactas no acreditamos

El análisis de Laura Fraile

He tenido suerte en muchos aspectos de mi vida. En lo político, por ejemplo, fui partícipe no sólo como estudiante, sino también como presidenta del centro de estudiantes de mi facultad, de uno de los procesos de autodeterminación más importantes que los estudiantes universitarios hayan llevado a cabo desde hace 15 años: la lucha contra la Ley de Educación Superior (LES) 24.521, y en defensa de la universidad pública, gratuita, inclusiva, masiva y de calidad para el pueblo.

El 2 de junio de 2010, la facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, por decisión de su máximo órgano de gobierno y luego de un amplio y democrático proceso de debate, decidió que dicha institución no presentaría sus carreras de grado a la convocatoria de acreditación de la Coneau. Por ese entonces, tres carreras habían sido declaradas de interés público, y por lo tanto, según la LES, debían someterse al proceso de acreditación.

La LES fue sancionada en el año 1995, y en consonancia con un plan de orden global llevado a cabo para uniformizar la educación superior, en un momento clave de la hegemonía neoliberal. Es una Ley aún vigente que define que la educación es un servicio, un bien de intercambio; que propone el arancelamiento de las carreras de grado como forma de autofinanciamiento; que plantea como forma de organización el ingreso restricto, el cupo en nuestras universidades; que propone como solución al desfinanciamiento estatal la venta de servicios y el acomodamiento total a las demandas del mercado y sus caprichos. Es una Ley que propone a la educación como un privilegio casi exclusivo para las clases más acomodadas. La Coneau es, en este sentido, el instrumento para llevar a cabo todas estas definiciones. Es el organismo que evalúa si las carreras cumplen con las políticas en educación impulsadas por el poder político de turno.

El proceso vivido en Exactas tuvo su primer gran salto a fines de 2009, cuando estudiantes, graduados y docentes de Exactas y otras facultades de la UBA, nos levantamos y elegimos defender nuestras carreras antes de quedar presos de los deseos de una Ley que entendemos injusta para nuestro pueblo.

El camino recorrido en Exactas y su posterior resolución, son un ejemplo a seguir para el resto de la comunidad académica en nuestro país. Experiencias como éstas, deben ser impulsadas en toda la Argentina porque son las que nos van permitiendo avanzar con una mejor perspectiva, hacia una nueva ley de educación superior pensada por y para todo el pueblo.

Presidente Centro de Estudiantes Facultad de Exactas y Naturales de la UBA.

Texto extraido de: http://www.elargentino.com/nota-146943-El-rol-de-la-Coneau-en-el-ojo-de-la-tormenta.html
 

lunes, 4 de julio de 2011

La desesperación sin ideología

Por Aníbal Ignacio Faccendini *
Se han olvidado. Hacía tiempo les habían hecho una encuesta sobre la situación del país. La dictadura militar parecía eterna. No recordaban lo que habían dicho en los años '78 y '79. Es que habían alabado al gobierno militar, tanto en su situación política, social y económica. Hugo Vezzetti, en su obra "Pasado y presente" (Editorial siglo veintiuno 2002), recurre a un trabajo de Guillermo O'Donnel, sobre una encuesta realizada en esos años.
En el '82, les vuelve a realizar a esas mismas personas el mismo cuestionario. Los encuestados no sólo negaban haber alabado al gobierno militar sino que directamente se colocaban en las antípodas. Como si siempre hubieran estado en ésa posición ideológica. La derrota de Malvinas, la crisis económica, las movilizaciones y las atrocidades a los derechos humanos, marcaron la ruptura. Pero no dejaba de ser llamativo cómo la gente se olvidaba. Y, lo más grave era analizar cómo tramitaban el pasaje de una postura a otra. La tramitación era sin escalas, no había metabolización alguna, porque al decir de Vezzetti padecían de "amnesia patológica". Al no haber ideología de alta entidad, no hay pensamientos que rectificar y cambiar. Se cambia lo que existe, no el lleno del vacío. El vacío no llena.
Hacía frío, el sol escaseaba, pero estaba. El 16 de junio del '55 las palabras se congelaron. Pero ya no de frío, sino por la violencia. Venía del cielo a arrebatar almas. Aviones bombardeaban al gobierno constitucional. Atacaban a la democracia. Muchas personas fueron asesinadas. La impunidad decretó la amemorización y la desideologización. Todavía estas muertes buscan a los autores de estos asesinatos de lesa humanidad. Esta masacre sin castigo, fue posible entre muchas causales por quitar toda ideología que requiera de memoria. Imposición realizada por los victimarios. Theodor Adorno, señala que es el victimario y no la víctima, quien siempre plantea la buena memoria del olvido, el perdón y la reconciliación.
La ideología en sentido lato es el conjunto de representaciones, significados y percepciones que responden y constituyen creencias. Es el recetario conductual inmediato y mediato ante un fenómeno externo. Al estar tan inserto en nuestro pensamiento, es el que regula nuestro actuar en la realidad.
Podemos detectar ideologías pasatistas o de baja entidad y las de profunda entidad. Las de baja entidad, es la que no requiere de la posteridad. No requiere de futuro. Consume solamente presente. En cambio las de profunda entidad, se encamina hacia lo que va a suceder. Sacrifica presente por la trascendencia. Supera el cuerpo y encara al tiempo. Busca en definitiva seducir la eternidad o parte de ella.
Es lo efímero lo que llena a las ideologías pasatistas. Lo vacío inunda los cuerpos y jerarquiza los objetos. Este sistema de pensamientos establece un estatuto conductual excesivamente inestable para el funcionamiento social. Es decir, se agota en cada acto y en un presente continuo. Importa entonces quién realiza el acto y no en qué consiste el acto. Se dilapida así la objetividad del hecho, para pasar a la subjetividad del mismo. Lo importante es quién lo realiza y no qué es lo que realiza.
La modernidad "entre otras cuestiones" se divorcia del medioevo, a partir de plantear el análisis de acto en sí y someterlo a distintas evaluaciones. De suyo, sin tener en consideración quién ejecutaba el acto, fuera un noble, un burgués o un plebeyo. El avance de las ciencias sociales, del derecho y aún de las ciencias naturales, se debió a la objetivación del acto. Es lo que garantizaría la circulación de derechos y bienes. Veamos, en el feudalismo el protagonista de un hecho delictual, si era poderoso, por portación de poder "purificaba la situación". Lo subjetivo invadía todo el hecho. La apropiación que el Estado moderno hizo de ese poder del señor feudal, permitió que el acto recuperara su propia identidad. Así un hecho será bueno o malo, justificado o no, independientemente de quién lo realice. No se focalizaría más sobre el sujeto, sino en lo hecho. Entonces debería ser que un acto o hecho será delito o no, ético o inmoral, leal o traidor independientemente de quién lo realice. Sea el autor amigo o enemigo, poderoso o plebeyo.
Milán 1763, Cesare Beccaría, se encontraba escribiendo "De los delitos y de las penas". Este hijo del racionalismo, va a escribir esta obra que conmovería el sistema penal de entonces. Enero de 1764, la obra estaba terminada. La difusión que tendría excedería las expectativas del escritor. Sería la única obra de Beccaría tan célebre y trascendental. La obra connotaba un derecho penal de acto y dejar el derecho penal de autor. Esto es decir, ante un mismo delito se debe aplicar igual pena. No importaba la portación de clase o título nobiliario. Se empezaba a focalizar la materialidad del hecho o acto. (De los delitos y de las penas. Librería El Foro.Ed.2004).
Este avance de considerar un hecho bajo distintas evaluaciones, sin declinar ante quien lo realiza, demandó de grandes ideologías firmes, contundentes y no fanáticas. Pues antes era el rey el que ejecutaba e interpretaba el hecho. Disponiendo si un acto era bueno o malo. No había libre interpretación y análisis sobre el hecho.
Las ideologías son un dispositivo social de suma utilidad. Porque el actuar de una persona ideologizada se vuelve previsible. Al ser previsible genera confianza si se coincide, y si no se coincide, la confianza se desplazará hacia un conflicto conocido. En cualquiera de los dos casos, de distinta maneras y profundidades navega la confianza. O, dicho de otra manera ciertos grados de certidumbre.
Cuándo no hay ideología o es pasatista, no hay previsibilidad de conductas. Porque no sabe el proyecto de acciones del otro. Al no haber previsibilidad no hay confianza.
Las ideologías son una elección pero más una necesidad del bien común. Con ideologías de alta entidad los niveles de lealtad se fortalecen y se rompe con la impunidad de las traiciones. La palabra logra mayor perdurabilidad en el tiempo y su circulación es más estable. Logrando así más certezas.
La peor de las situaciones sociales es la desideologización, la falta de convicciones y proyecciones conductuales, que tornan imprevisibles las relaciones en la comunidad.
La falta de ideología, es el vacío que lo llena todo. Es el consumismo, cuya única rendición de cuentas es al objeto que se desea. Pero ello no requiere de convicciones.
* Doctor en Ciencias Jurídicas y Sociales. Licenciado en Ciencias Sociales y Humanidades. Docente de la UNR.

Texto extraido de: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-29379-2011-07-03.html

domingo, 3 de julio de 2011

Carlos Fuentealba

Lo sabe un chico de cuatro años, de salita celeste, que ni siquiera sabe hablar correctamente.
Lo sabe un chico de seis años, que ni siquiera sabe escribir.
Lo sabe un chico de doce años, que desconoce todas las materias que le deparará el secundario.
Lo sabe un adolescente de diecisiete años, aunque sea la edad de las confusiones, la edad en la que nada se sabe con certeza.
Lo saben sus padres.
Lo saben sus abuelos.
Lo sabe el tutor o encargado.
Lo saben los que no tienen estudios completos.
Lo sabe el repetidor.
Lo sabe el de mala conducta.
Lo sabe el que falta siempre.
Lo sabe el rateado.
Lo sabe el bochado.
Lo sabe hasta un analfabeto.
No se le pega a un maestro.
No se le puede pegar a un maestro.
A los maestros no se les pega.
Lo sabe un chico de cuatro años, de seis, de doce, de diecisiete, lo saben los repetidores, los de mala conducta, los analfabetos, los bochados, sus padres, sus abuelos, cualquiera lo sabe, pero no lo saben algunos gobernadores.
Son unos burros.
No saben lo más primario.
Lo que saben es matar a un maestro.
Lo que saben es tirarles granadas de gas lacrimógeno.
Lo que saben es golpearlos con un palo.
Lo que saben es dispararles balas de goma.
A los maestros.
A maestros.
Lo que no saben es que se puede discutir con un maestro.
Lo que no saben es que se puede estar en desacuerdo con lo que el maestro dice o hace.
Lo que no saben es que un maestro puede tener razón o no tenerla.
Pero no se le puede pegar a un maestro.
No se le pega a un maestro.
A los maestros no se les pega.
Y no lo saben porque son unos burros.
Y si no lo saben que lo aprendan.
Y si les cuesta aprenderlo que lo aprendan igual.
Y si no lo quieren aprender por las buenas, que lo aprendan por las malas.
Que se vuelvan a sus casas y escriban mil veces en sus cuadernos lo que todo el mundo sabe menos ellos, que lo repitan como loros hasta que se les grabe, se les fije en la cabeza, lo reciten de memoria y no se lo olviden por el resto de su vida; ellos y los que los sucedan, ellos y los demás gobernadores, los de ahora, los del año próximo y los sucesores de los sucesores, que aprendan lo que saben los chicos de cuatro años, de seis, de doce, los adolescentes de diecisiete, los rateados, los bochados, los analfabetos, los repetidores, los padres, los abuelos, los tutores o encargados, con o sin estudios completos:
Que no se le pega a un maestro.
No se le puede pegar a un maestro.
No debo pegarle a un maestro.
A los maestros no se les pega.
Sepan, conozcan, interpreten, subrayen, comprendan, resalten, razonen, interioricen, incorporen, adquieran, retengan este concepto, aunque les cueste porque siempre están distraídos, presten atención y métanselo en la cabeza: los maestros son sagrados.
Por Mex Urtizberea 
Texto extraido de: http://www.lanacion.com.ar/897593

Concepciones de la seguridad

¿Qué es la seguridad? ¿Dónde te sentís seguro?



Dime que te da miedo y te diré quién eres
¿qué es la seguridad? ¿Qué pide la ciudadanía cuando reclama seguridad? ¿Los que piden seguridad, piden todos las más seguridad? ¿Hay una seguridad para uno, y otra seguridad para otros? ¿Dónde te sentís seguro? La seguridad significa y es muchas cosas para mucha gente. HBA salió con esos interrogantes a buscar respuestas, contactó a referentes de un amplio abanico social y cultural, y más que respuestas descubrió más preguntas. Para leer con la puerta abierta y sin miedos.

Dr Juan Grabois abogado y fundador del movimiento trabajadores excluidos (MTE)
"la voz proviene del latín securitas, cualidad de estar sin cuidado; poder desarrollar una existencia sin necesidad de protección propia o de terceros. Esto supone, sin duda una sociedad armónica donde el hombre no sea el enemigo del hombre. Supone paz y justicia. En nuestro sistema socioeconómico, injusto y violento, la seguridad propiamente dicha es directamente imposible. Vivir en paz y justicia, vivir sin cuidado es una aspiración humana noble legítima. Sin embargo, esta aspiración es manipulada políticamente para sojuzgar a los pueblos y sostener las injusticias estructurales que engendran las violencias cotidianas. El crimen organizado es un formidable enemigo de los pueblos que aspiran la justicia social. El narcotráfico, la trata, el trabajo esclavo, el comercio de armas, son importante rama de la economía global que crece al amparo del poder político, judicial y policial. Y lo garanticen los partidarios de la mano dura asemeje el delito como lavado dinero evasión impositiva o trata de persona. Me siento seguro en el fragor de la lucha sociales. Siento si una prefiguración de la sociedad futura en la que prime la solidaridad y el amor al prójimo".



Joaquín Furriel, actor
"depende del lugar del que lo veas como individuo social. A mí me da sensación de seguridad poder mirar a los ojos a la gente mostrarme como soy, comunicar, escuchar, opinar y sentir que formó parte de un lugar. Nunca tuve "miedo social". Desde los 90 empecé a ver qué a la situación de marginalidad se le sumó el tema de la falopa, el negocio narco y eso es lo que hunde. Una persona que está excluida, sola, sin contención, que padece una situación de pobreza y dolor insoportable por la justicia que amor puede tener por prójimo?”



Raúl Montenegro , biólogo Premio Nobel alternativo, presidente de FUNAM, activista ambiental
"en general se refiere a algo que una persona, familia o sociedad hacen para que se detenga algo que esas personas creen que no debería suceder porque daña. No se puede construir seguridad sin que participen todos los actores. El principal error es el legislar. Por ejemplo: cree que la seguridad de un reactor nuclear sólo depende la decisión en los encargados. En realidad esa seguridad depende también del control social que el vecino haga y que también estemos preparados para un accidente. Todos tenemos que hacer nuestra parte".

Claudio Morgado, titular del INADI
"la inseguridad tiene que ver con la sensación desde protección, y también en no tener acceso a la salud, a planes sociales, a trabajo digno. Inseguridad no es sólo que te roben, como muchas formas ideológicas tratan de hacer creer. Tiene que ver con garantizar el acceso los derechos sociales. En lo personal me manejo tranquilo, no tengo instalada la sensación de inseguridad que está más instaurada en los medios que la realidad misma".

Ramona Leiva, Yo no fui, proyecto social que ofrecen alternativas e inclusión a personas que fueron privadas de libertad
"en prisión la seguridad se basa en castigar la violencia que ahí mismo se genera. La gente cree que los presos están ahí encerrados y no le pasa nada, pero las cárceles muere mucha gente y no se sabe nada, y eso que ese supuesto lugar que ejerce la seguridad".



Luis Majul, periodista,
“La seguridad es mayor contención social más educación menos parco y mejores salarios para los agentes seguridad. Es más control para los fiscales y jueces que no cumplen sus obligaciones y más responsabilidad de los medios para analizar el fenómeno. Yo no me siento especialmente insegura ninguna parte y no estoy pendiente de mi seguridad personal".

Martín Sabbatella, diputado nacional por Nuevo Encuentro
"el derecho a tener seguridad en la seguridad de tener derechos. Vivir en ciudad más seguras significa vivir en sociedades más justas donde la exclusión no deje a nadie en la intemperie. En política, la seguridad tiene dos ejes principales: la gestión social pública (prevención del delito con políticas de inclusión). El otro gran eje tiene es la conducción política y civil de la fuerza policial. En ese sentido una cierta la creación del ministerio seguridad y la designación del Nilda Garré porque habla de jerarquizar las políticas públicas en temas seguridad con la visión democrática. A mí me da seguridad estar un país donde se tenga los derechos garantizados".



Padre Carlos Accaputo, director de la pastoral social
"la seguridad no se puede reducir un tema de buenos y malos. La sociales y tomar con seguridad salud, educación, vivienda. Y en necesario el aporte de cada ciudadano para construir una convivencia con mayor acuerdo. La inseguridad es todo lo que no nos deja desarrollarnos como personas plenas en la sociedad. Yo me pregunto sin excesiva seguridad personal no será perjudicial el hecho de sentirme un poco inseguro me abra la realidad y me deja comprender situaciones de mi alrededor".

Lalo Mir, periodista
"el levantarse todos los días con una sonrisa en la cara. Es saber que el día que tener por delante y para soñar y pasarlo lo mejor posible. Es andar sin miedos en la cabeza. La seguridad tiene que ver con la continuación de la felicidad en toda la sociedad. ¿Un lugar seguro? Una sociedad feliz donde todos podamos sonreír"

Juan Carlos Blumblerg, presidente de la fundación Alex Blumberg
"los ciudadanos tienen que tener la seguridad del estado que tienen que cuidar de ella. La policía con la justicia tiene que trabajar en la prevención del delito. Tenemos un grave problema de inseguridad en todo el país; gente inocente muere víctima del delito y gobierno no le da la importancia que merece. En Estados Unidos veía las casas los portones abiertos las cosas en el jardín y nadie toca nada. Acá, estamos con todo enrejado, no son las casas sino el obelisco las plazas, la Casa Rosada. Hay que sacar esas rejas y poner detrás de esas sólo delincuentes. Eso es seguridad".

Gabriel Kessler, sociólogo
"al teórico que afirman que la sociedad nunca fueron tan seguras y que sin embargo, nunca hubo una sensación de seguridad tan grande. En la realidad, nuestra sensación de inseguridad genera reclamo político, actitudes y realidades de nuestra vida diaria. En lo personal, tengo menos miedo de la clase que debo las cosas que pueden estar adentro".



Eduardo Galeano, escritor
"la inseguridad consiste en que no puede cruzar la calle sin que te pise un coche, ni respirar sin que queden en el aire, ni trabajar sin que el patrón te roben sueldo".



Santiago Bilinkis, emprendedor serial
"la clase media y alta se queja de la inseguridad y no está viendo las cosas con claridad. Lo que sufre la verdadera inseguridad la persona más pobre, la posibilidad de ser lastimado o morir víctima de un delito en Argentina, Chile Uruguay es casi inexistente. En un año muere el doble de personas por accidente de tránsito que en homicidios. Ojalá hubiera más marcha por comisiones de vida digna para todos y por recuperar la solidaridad. Esa marcha logra menos pobreza y vínculos sociales más fuertes tal vez sería más efectivas para bajar la tasa de homicidios que 1 millón de Blumblerg y Susana clamando por pena de muerte".



Texto extraido de la revista Hecho en Buenos Aires (HBA) Nº131 junio 2011